sábado, 1 de febrero de 2014

AUTORA MES DE FEBRERO 2014 - LIL MILAGRO RAMIREZ

LIL MILAGRO RAMÍREZ


Si hemos de hablar de penosas omisiones en la literatura salvadoreña, estamos ante una de ellas. Esta voz poética –viva y primaveral- estuvo dormida por décadas. Nos referimos a Lil Milagro Ramírez, a quien la oscura historia nacional nos la tuvo oculta.

Tenemos ante nosotros el ambicioso trabajo compilatorio que ha hecho Miriam Medrano –amiga de Lil- de cartas, poemas y documentos de la poeta. Trabajo entrañable, cuidadoso, realizado por una amante de la literatura, que además rinde culto a una amistad de juventud.

Copio lo que escribe en el prólogo sobre el libro y acerca de su amiga: “Fue magnífica, además, la actitud de la familia de Lil al haber resguardado sus escritos aún a pesar de las reiteradas solicitudes de que destruyesen sus cartas y del peligro mortal que significaba el que la represión hubiese encontrado siquiera una sola de ellas. Su inquebrantable fidelidad familiar, el inmenso amor filial mantenido, su valentía, hacen hoy posible el regalo a nuestro pueblo que significa tener ante nosotros, en el presente libro, la imagen conmovedora de la hija, la hermana, la sobrina, la amiga, la revolucionaria inmortalizada través de las letras tan celosamente guardadas por la familia, incluso a costa de la vida misma”.
 
El libro nos muestra a un ser sensible con los problemas y sueños de la época que le tocó vivir.
Cada poema fue escrito con sudor del alma, cada carta con humor e inteligencia. Intelectual orgánica, diríamos, citando a Gramsci. Su enorme corazón la hizo salir al encuentro de una realidad que se le presentó agresiva, y que enfrentó desde su poesía, y desde su vida, porque la poeta creyó fervorosamente que había que enfrentarla en cuerpo y alma enteros.

Lil Milagro Ramírez nace el 3 de abril de 1946. Educada en un humilde hogar, desde muy pequeña demostró clara inteligencia, gran ternura y un acendrado amor por todos los suyos.

Captó las enseñanzas y consejos de familia. De temperamento sensible, se inclinó desde sus años escolares a cultivar la poesía. Ingresa a la Universidad en 1963, de la que egresa de su carrera de Derecho con notas sobresalientes. Por esos años universitarios funda Alba 13, publicación que reunía a varios jóvenes poetas: Rubén Ignacio Zamora, José David Escobar Galindo, Marianella García Villas, y Lil, por supuesto.

Su sensibilidad la llevó a incorporarse a las organizaciones revolucionarias y luchar desde allí para terminar con la represión y poner fin a años de desigualdad y pobreza. Es capturada en 1976 y dada por desaparecida. Muere el 17 de octubre de 1979.

Lil, es una joven de ideología y accionar revolucionario, que a raíz del asesinato del poeta Roque Dalton en 1975, se separa del Ejército Revolucionario del Pueblo ERP y pasa a fundar, junto a otros de sus compañeras y compañeros, la Resistencia Nacional, RN.

Ella conoce a Roque en los años 70, con quien mantiene una relación amorosa cuando ambos se encontraban en la clandestinidad. Una madrugada de agosto de 1976, un año después de la muerte de Roque, Haydée (uno de los seudónimos de Lil) es capturada en San Antonio del Monte, Sonsonate.

Ana Guadalupe Martínez en “las cárceles clandestinas”, da testimonio de haber visto en esos días a Lil en la Policía de Aduana de Sonsonate, esposada en una cama, con señales de golpes en la cara. Luego, es trasladada a la Guardia Nacional, hasta su muerte en 1979.

El día de la captura, hubo balas. “Una de ellas le pegó un rozón en la cabeza, causándole un ligero desvanecimiento; cayó al suelo al lado de una cuneta. Cuando la llegaron a recoger, la arrastraron como si fuera un cadáver.

Por eso los vecinos que estaban viendo, al día siguiente declararon que una joven desconocida había sido muerta en el enfrentamiento”.

Torturas
El informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, menciona que Lil junto a tres personas más, se encontraban en la Guardia Nacional desnudos en las celdas, y que su alimentación diaria consistía en cuatro tortillas de maíz seco, dos por la mañana y dos al mediodía, con aproximadamente 25 gramos de frijoles y cinco gramos de queso una vez por semana.
Durante los día iniciales a su captura es mantenida vendada, esposada de pies y manos en una cama metálica y completamente desnuda. En tres ocasiones es interrogada con el auxilio de pentonal (suero de la verdad) y ante la presencia de un médico. Pero también se le aplica la “capucha”, sostiene el informe.

Según Martínez, todo el tiempo que Lil pasó en la Policía de Aduana, estuvo amarrada de un pie a la cama con cadena y candado. Los primeros días, la golpearon , le apretaron los senos y todo para que reconociera su participación en el ERP.

Su nombre completo

Su nombre completo es Lil Milagro de la Esperanza Ramírez Huezo Córdova. La poeta revolucionaria, realiza sus estudios de secundaria en el Instituto Cervantes e ingresa a la UES a estudiar Derecho en 1963.
Su madre, la señora Tránsito Huezo Córdova de Ramírez. Lil es la segunda de tres dos hermanas y un hermano.

El más pequeño de sus hermanos, de nombre José Napoleón, vive en El Salvador. Su madre y dos de sus hermanas, viven en el extranjero. Su padre ya falleció

Lil, era de constitución mediana, nariz aguileña, tez blanca, cabello alisado, ojos claros audaces y serenos, labios delgados. “Sabía vestir de acuerdo a su edad, pero sabía pensar en desacuerdo con sus años”. Entre sus aficiones estaba tocar guitarra, piano, recitar y escribir poesía.

Lil clandestina

Inicia como dirigente de la Juventud Democrática Cristiana en el año de 1966, su formación siempre fue de corte socialcristiana.

Más tarde sería influida por la teoría marxista.En 1970 cuando recién había egresado de la Facultad de Derecho, muy decidida, abandona su hogar en San Jacinto, donde vivía con sus padres, ambos maestros, recuerda la Licenciada Medrano. Así comienza su vida como clandestina y en 1972 aparece en “EL Grupo”.

Dagoberto Gutiérrez en el libro “Nadie Quedará en el Olvido”, menciona que en esos momentos la prensa informaba de una “guerrillera serena que se retiraba tranquila y disparaba segura”.

A su compañera, un arma cuarenta y cinco de cacha plateada, la llamaba de cariño “Santa Sofía de la Piedad”. Gutiérrez, la describe en su libro como la jefa guerrillera, maestra del pensamiento e instructora de la paciencia, que amaba la poesía por encima de todo, la revolución fue su sueño y desvelo y el socialismo su utopía más segura.
Datos de Lil

- Poeta revolucionaria, egresada de Derecho de la Universidad de El Salvador
- Vegetariana
- Tocaba guitarra y piano
- Lectora asidua
- Nació el 3 de abril de 1946
- Estudió la secundaria en el Instituto Cervantes
- Clandestina desde 1971
- Capturada en Sonsonate en 1977 en una casa de la Resistencia Nacional
- Hay un poemario de ella publicado en el 2003 por el Departamento de Letras titulado “Del Hombre del tiempo y del amor”
- Algunos documentos recuperados son cartas de toda su militancia, correspondencia en la clandestinidad, cartas y reproducciones de éstas que transcribía a máquina, fotografías, etc.
Fuentes

Licenciada Miriam Medrano, Docente del Departamento de Letras
“Las Cárceles Clandestinas” de Ana Guadalupe Martínez
“Nadie quedará en el olvido” de Dagoberto Gutiérrez


Despertar

Yo era mansa y pacífica.
Era una flor.
Pero la mansedumbre no es un muro
que cubre la miseria.
Y vi las injusticias,
y ante mis ojos asombrados
estallaron las huelgas y las rebeldías
del hombre proletario.
Y en vez de absurdas lástimas,
de hipocresías compasivas
brotó mi indignación
y me sentí fraternalmente unida a mis hermanos,
y toda huelga me dolía,
y cada grito me golpeaba,
no solo en la cabeza o los oídos
sino en el corazón.
Cayó mi blanca mansedumbre
muerta a los pies del hambre.
Me desnudé llorando de sus velos
y un nuevo traje me ciñó las carnes.

Primavera de lucha son ahora mis brazos,
mi enrojecida sangre es de protesta,
mi cuerpo es verde olivo
y un incendiario fuego me consume
... y sin embargo,
sigo siendo como antes,
quiero luchar por ella desesperadamente,
porque desde su inicio,
yo soñé con la paz.
Sobre tu pañuelo negro

Sobre tu pañuelo negro,
negro de tu ausencia entera,
estoy en mi silencio sollozando...
¡Ay mi pañuelito blanco
sobre tu negro pañuelo!
¡Ay que mi lágrima llora
sobre tu ausencia de duelo!
¡Ay que llorando me muero...!

Mi corazón se derrama
como gotita de cielo
por olvidarte llorando
y se lo bebe tu ausencia,
la de tu negro pañuelo...
silencio de mariposas
en el jardín de mi suelo
porque yo estoy sollozando
sobre tu negro pañuelo...
Ensayo una sonrisa
Ensayo una sonrisa
cuando voy a salir por si te encuentro
y a solas me repito:
¡es tu mejor sonrisa...!
Si hoy lo miras
cuando la amable brisa
juegue con tus cabellos,
tal vez se quede en ellos
como al azar prendidos,
tu orgullo y su desprecio,
tal vez repare en verte, y si sus ojos
se fijan en los tuyos,
no será necesario que le digas
lo mucho que lo quieres...
Por eso cuando la noche se desliza,
yo me duermo ensayando una sonrisa.
Para que viva en ti
Para que viva en ti
como profunda huella contenida
te he besado yo así,
con ese beso
te has convertido en mí,
porque el cariño
que yo tenía entero para amarte
yo te lo he dado todo en ese beso
para vivir en ti.
Tu mirada es azul
Tu mirada es azul
cuando me besas...
Y a pesar que tus ojos
son de negro color,
cuando amante me besas
tu mirada es azul.
Tu mirada es azul,
yo no comprendo
qué milagro de amor
te pone en la mirada
del cielo el resplandor...
Y aunque oscuro el celaje
y aunque negro el color,
de esos inmensos ojos,
si me besas:
tu mirada es azul.

martes, 24 de diciembre de 2013

TERTULIA NAVIDEÑA 2013...inauguracion de nacimiento en el consulado!

 Como siempre, el Club de lectura realiza sus actividades en torno a una camaraderia muy fraterna y con mucha responsabilidad nos dedicamos a analizar a los autores de cada mes propuesto por El Plan nacional de lectura en El Salvador.  En esta ocasión aprovechamos la ocasión para en conjunto con el consulado y la Fundación Oscar Romero, unir nuestras energías para desear un nuevo año lleno de TODO lo mejor que cada uno quiera, compartimos las lecturas, los proyectos, el trabajo realizado por los adultos mayores de la fundación quienes elaboraron el NACIMIENTO que se está exponiendo en el consulado...además y para hacer frente al frio invernal que estamos viviendo, muy gentilmente fuimos agasajados con deliciosos tamales, con pan francés y un rico chocolate cocido a la semblanza de las abuelas...lentamente para sacarle el verdadero sabor. Una actividad muy lograda con todos los deseos de continuar con el trabajo del club con mejores brillos y muchas inquietudes. FELIZ NAVIDAD y un año 2014 repleto de fantasias literarias!!!
























viernes, 13 de enero de 2012

IGNACIO ELLACURÍA España 1930- El Salvador 1989

Doctor en filosofía, teólogo, sacerdote, maestro, escritor, luchador por la paz y la justicia

Datos biográficos


Ignacio Ellacuría Beascoechea nació en 1930. Muy joven entró a la congregación de los jesuitas, iniciando los estudios de secundaria en el colegio internado que la compañía posee en Tudela (Navarra), pasando por allí al noviciado de Loyola, el 14 de septiembre de 1947, cuando Ignacio contaba diecisiete años. Al año siguiente, con tan sólo dieciocho años, es enviado por sus superiores junto con otros cinco compañeros jesuitas vascos a fundar el Noviciado en la localidad de Santa Tecla.

Tras su primera profesión religiosa, una vez terminado el noviciado se traslada a Quito (Ecuador) donde realizará sus estudios de humanidades y filosofía en la Universidad Católica de la capital ecuatoriana. En Quito conoció a dos de sus educadores de su juventud que más le habrían de influir intelectual y humanamente, el jesuita navarro Ángel Martínez Baigorri, de fuerte personalidad y de excelentes dotes poéticas, y el rector de la Universidad, P. Aurelio Espinosa, S. J., buen conocedor de los clásicos griegos y latinos, en especial Virgilio, Sófocles y Horacio. En 1955 obtiene en Quito la licenciatura civil y eclesiástica de Filosofía, y regresa a El Salvador, donde durante tres años ejerció de educador y de profesor de latín en el Seminario Diocesano de San Salvador, San José de la Montaña.
En 1956 escribió su primer artículo, en la revista Estudios Centroamericanos (ECA) de la Universidad Centroamericana (UCA) “José Simeón Cañas”, sobre Ortega y Gasset, y en la revista Cultura, sobre el despertar de la filosofía. En estos primeros años de profesor en El Salvador, Ellacuría se halla en búsqueda de un estilo de filosofar personal, de la mano de sus lecturas personales, entre las que se encontraban sobre todo las obras de Ortega y Gasset, y de la mirada atenta a la realidad salvadoreña que le rodea, sometida a regímenes dictatoriales y represivos.

Con objeto de completar sus estudios, lo envían sus superiores en 1958 a la Universidad de Innsbruck (Austria) donde estudiará la licenciatura en Teología de la mano de ilustres profesores, entre los cuales se encontrará Karl Rahner, quien le puso en contacto con la filosofía de Martín Heidegger. Son los años del Concilio Vaticano II y corren vientos primaverales dentro de la Iglesia. Siguiendo las indicaciones que en carta personal le sugería el P. Aurelio Espinosa, Ellacuría se aprovechó de todo lo valioso que la filosofía y teología alemana le podían aportar, pero no se quedó prendido de ella sino que fue conformando su propio pensamiento, en años posteriores, de la mano del filósofo donostiarra Xavier Zubiri. Al acabar los estudios de Teología, y tras ser ordenado sacerdote el 26 de julio de 1961, en Innsbruck, regresó a España con objeto de pasar una temporada de descanso con su familia y entablar contacto co Xavier Zubiri e iniciar los primeros pasos para realizar bajo su dirección la tesis doctoral en Filosofía. Tras estos primeros contactos con el filósofo vasco, empezó a colaborar directamente con él en Madrid a partir de ese momento.
Ellacuría comenzó sus cursos de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, a partir de 1962, centrando su interés sobre el libro de Zubiri, Sobre la esencia, recién publicado, y sobre el que realizará su tesis doctoral, que terminó y defendió en la propia Universidad Complutense en 1965 (La principialidad de la esencia en Xavier Zubiri, 3 vols.). Desde ese momento, aunque Ellacuría regresa a El Salvador para iniciar su tarea de profesor de filosofía y teología en la UCA de San Salvador; trabajará de forma continuada con Zubiri, con estancias alternadas entre Madrid y San Salvador.
Tras varios años como director del Departamento de Filosofía, en 1969 es nombrado rector de la UCA, cargo en el que se mantuvo de forma ininterrumpida hasta su muerte violenta en la propia universidad, el 16 de noviembre de 1989.

  Padre: Ignacio Ellacuría. Ana de Pacas

   Reconocemos que estamos ante un referente singular. Podemos ver con claridad que su preocupación mayor, es partir de la realidad, por dura que sea, y volver a la realidad. Su racionalidad estaba íntimamente ligada a la sensibilidad de las mayorías populares empobrecidas. Le importaba sobre todo, la realidad del ser en el mundo y la respuesta de la conciencia ante esa realidad. Él estaba consciente de las implicaciones socio-políticas, pero aún así, quiso vivir o morir con el pensamiento liberador de la comunidad a la que pertenecía.
  Su vida incita a indagar la verdad de su compromiso y de cuanto él defendía.

Ignacio Ellacuría Beascoechea

Como educador social que era, el padre Ellacuría abrió la brecha para la conformación de un estilo nuevo de debate y discusión política, amparado en la solidaridad de ideas y criterios que son producto de su excelencia académica, de su conocimiento pleno y honesto de la realidad y de su inquebrantable lucha por la construcción de un mundo auténticamente cristiano. Su pensamiento fue claro y contundente, libre de tropiezos ideológicos que debilitaran el carácter científico y evangélico de sus argumentos. La fuerza de su palabra, la exactitud de sus interpretaciones y su brillante capacidad de penetrar a fondo en el escollo teórico que sirve de sostén ideológico a intereses hipócritas y egoístas, lo volvían en nuestro tiempo la voz más hostil y delatante, la luz más alucinante, el discernimiento más insoportable. Por eso lo mataron, por su corazón grande y generoso, por su sabiduría incompatible.
El sabía sorprender la mentira disfrazada, esa falacia adjunta que hoy luce natural y cuidadosamente desapercibida a los ingenuos y duros de corazón.
Su afán primordial fue siempre insistir en la verdad, iluminando los proyectos políticos que se debaten en nuestro tiempo, clarificándoles el mejor camino y denunciando el pecado estructural como razón última de nuestros problemas.

Hoy estamos a las puertas de una nueva corriente filosófica más completa, de utilidad directa e inmediata al trabajo por la justicia social, basada en el análisis histórico de la realidad y profundamente cimentada en el compromiso cristiano. Una nueva luz que nos enseña el carácter pleno e íntegro del perfecto involucramiento, aquél cuyos frutos están medidos por nuestra capacidad de dar, de forjar vida y esperanza, de convocar a la conversión y al anhelo de verdad. Porque como cristianos estamos llamados a encargarnos de esta realidad, entonando un mismo empeño, alzando con coraje la fuerza de la idea y la razón para desarmar la prepotencia, para desenmascarar la falsedad, para revertir el odio en solidaridad, para quebrar el pecado y empujar juntos la nueva sociedad.

Ellacuría nos enseñó un modo peculiar de hacer transformación, de luchar por la justicia, de avanzar en la liberación. Su ejemplo, hoy más que nunca resuena con mayor fuerza y claridad, iluminando nuestro interés social, perfilando el modo cabal de ser juventud de cambio presente en nuestra historia, de ser voluntad comprometida que arrastra y demanda la patria concertada, la alegría compartida.


Jon Sobrino habla de Ignacio Ellacuría

Si algo me llamó poderosamente la atención en Ellacuría desde el principio fue su pasión por el servicio. Su pregunta fundamental, trascendental diríamos, fue siempre la de “qué tengo que hacer”, mediación histórica del “buscar siempre la voluntad de Dios y cumplirla”, tan típicamente ignaciana. Su pregunta en el hacer cotidiano, categorial diríamos, para no desviarse ni desvirtuar lo que tenía que hacer, era también la de san Ignacio: “a dónde voy y a qué”. Y la esencia de ese hacer fue, por último, servir, esencial también al ideal ignaciano de “en todo amar y servir”.

En mi opinión, ahí está lo fundamental de su vida y de su vocación como jesuita, pero más hondamente todavía como humano: saberse llamado a un servicio, poner todas sus cualidades –y yo añadiría, incluso sus defectos- para llevarlo a cabo de la mejor manera posible y mantenerse fiel a ello hasta el final. Sin ninguna retórica y dicho con rigor, su vida fue una vida des-centrada, un servicio a favor de otros, y, cada vez más, un servicio también desde los otros, tanto porque esos otros daban sentido a su vida como porque lo iluminaban sobre3 cómo servir.

Y no sólo dedicó su vida a servir, sino que a lo largo de toda ella fue preguntándose qué significaba en concreto ese servicio al que se sabía llamado, y paulatinamente llegó a comprenderlo no como cualquier servicio, sino como un servicio específico: bajar de la cruz al pueblo crucificado.

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Ellacuría no fue sensiblero en absoluto, pero su vida estuvo transida de misericordia, entendida ésta de forma muy concreta: (a) como (re) acción, no pues formalmente como puro sentimiento, (b) hacia el sufrimiento de las víctimas sobre todo históricas, (c) benéfica para éstas y liberadora en contra de sus victimarios, (d) historizada según fuese la víctima y su sufrimiento, y € todo ello por el mero hecho de que existe el tal sufrimiento. Esa misericordia, como acabamos de decir, debe ser historizada, y Ellacuría la historizó fundamentalmente en forma de justicia, tanto por la masividad del herido en el camino –pueblos enteros, millones de seres humanos, “deshechos y piltrafas”, como él decía- como porque la razón de las heridas está en la injusticia, en la injusticia estructural sobre todo.

En lo que queremos insistir, sin embargo, es en que el origen de todo ello no está ni en un descarnado imperativo categórico ni en el atractivo estético de poner en práctica una teoría de la justicia. El origen está en que a Ellacuría se le removieron las entrañas al ver a todo un pueblo postrado, oprimido, engañado, burlado – en el lenguaje vigoroso que solía usar. Ante eso reaccionó, no se quedó en el puro lamento y nunca pactó con ese dolor, a lo que tiende hoy, aun cuando se hiciese con buena conciencia, el postmodernismo por aquello de que hay que aceptar el fragmento, o el neoliberalismo por aquello de que no hay otra solución.

En ese sentido, y por esa razón quisiera decir desde el principio que Ellacuría fue y permaneció hasta el final un radical. El sufrimiento de las víctimas tenía profundas raíces, y esas raíces, no cualquier cosa, es lo que tenía que ser erradicado y sustituido por otras que produjesen vida y fraternidad. Por ello y hasta el final de sus días se reveló contra algo que está hoy muy vigente y que se puede llamar “la geocultura de la desesperanza y la teología de la inevitabilidad”. Y así, en su último discurso en Barcelona, el 6 de noviembre de 1989, verdadero testamento, dijo las siguientes palabras:
“Desde esta perspectiva universal y solidaria de la mayoría populares, el problema de un nuevo proyecto histórico que se va apuntando desde la negación profética y desde la afirmación utópica apunta hacia un proceso de cambio revolucionario, consiste en revertir el signo principal que configura la civilización mundial”.

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Por responder a su sentido innato de rectitud y quizás también a su temperamento luchador y retador, la justicia le obsesionó a Ellacuría. No se trataba para él sólo de eliminar o aliviar la pobreza, sino de cambiar realmente un mundo antagónico, dividido entre empobrecidos y empobrecedores, entre víctimas y verdugos, un mundo que expresa el mayor fracaso de lo humano, la propia autodestrucción de la familia humana, y el mayor fracaso del Dios creador. Por ello, no en vano ni a la ligera formulaba la realidad de los pobres como la de “pueblos crucificados”, para expresar con ello que se trataba de pueblos enteros que mueren, pero que, además, son dados muerte injustamente por otros seres humanos.

Teniendo ante los ojos a este mundo real, Ellacuría apoyó toda acción buena que aliviase el sufrimiento humano, por supuesto, pero el dolor y la muerte de millones de víctimas a manos de unos pocos lo movió a privilegiar no cualquier acción, aunque fuese buena, sino la misericordia y el amor específicos que se dirigen a las mayorías en cuanto oprimidas, es decir, la justicia. Este amor eficaz a las mayorías y no un espíritu elitista o de superioridad –las grandes cosas que quería hacer y relacionarse cuando era necesario con los que están arriba en la historia- es lo que dirigió la elección de lo que tenía que hacer.

Así, la primacía que daba a la justicia lo llevó a propiciar el tipo de praxis que tuviese mayor incidencia en las estructuras. Apoyaba también obras y actividades en contacto inmediato con los pobres, pero de entre ellas privilegiaba las que tuviesen un potencial de incidencia importante para las mayorías –de ahí su admiración y apoyo, además del cariño, a Rutilio Grande y al equipo de Aguilares. Y ése fue su modo personal de historizar las conocidas palabras de san Ignacio, “el bien, cuanto más universal, es más divino”.



… y Obdulio cuida las rosas de nuestra liberación
(P. Casaldáliga)

El 15 de abril, domingo de Resurrección, llegué a San Salvador. Casi 13 años que no regresaba al país.

Al día siguiente, Lunes de Pascua, corrí temprano a ver la tumba de mis hermanos de la UCA.

Bajo un gran cuadro de Monseñor Romero, en la capilla erigida a su memoria por ellos, los nombres de los seis en relieve metálico.

Apenas rocé con las yemas de mis manos uno a uno, me santigué como hacen nuestros campesinos, y, como ellos, los dedos terminaron en mis labios. ¿Podían estar allí Lolo, Amando, Ellacu, Montes, Pardito, Nacho?

…………………

Vi y palpé luego las huellas inequívocas de aquella noche dramática. Allá junto a la cerca un campesino hacía de hortelano… embebido con su cuma, parecía despreocupado de nuestra presencia.

-Es Obdulio, esposo de Elba y padre de Celina, -nos indican. Ha plantado unos rosales donde les asesinaron… -¡Vengan y vean! El lugar donde sembraron los cuerpos acribillados que diera la vuelta al mundo horrorizado por la foto, la tierra que regaron con su sangre Obdulio la transformó en un pequeño jardín.

Aquel Lunes de Pascua empezaba a florecer. Al sol tierno mañanero, con rocío aún, los rosales a punto de reventar los primeros capullos furiosamente rojos.

Las rosas se multiplicaron. Cundió la cosecha que allí floreció y ha seguido abundando. Tanta y tan variada que nos pareció oportuno recoger un manojo para ofrecerlo, en su aniversario, a ellos, a ustedes, a todos los que quieran apostar en proseguir su camino de Testigos de verdad.

La tarea, por más entrañable, no resultó nada fácil. Tal ha sido la floración universal de testimonios que se tornó en aluvión tropical que nos desbordó. Sueño imposible para mí querer atrapar en papel tanta vida como ha seguido generando su muerte.

Será, de mi parte, un torpe remedo de las rosas que Obdulio cuida con primor. Me he visto precisado a elegir y espigar apresuradamente, casi al azar.

Mi Labor ha sido rústica: ¡señalar, podar, enlazar!... mejores jardineros vendrán! Una nube de testigos –ustedes entre ellos- aportaron su verdad. Los mártires y los que ellos crearon me han prestado los mejores instrumentos:

Proceso, ese vigía semanal que pone el dedo en las heridas de este pueblo.

Carta a las iglesias: quincenal testimonio de vida y esperanza contra toda esperanza.

ECA: mensual voz ilustrada de aquéllos que hoy siguen hablando desde sus cátedras-fosas.

Revista Latinoamericana de Teología, que al tornar cada estación del año avizora el paso de Dios por los clamores de estos pueblos sedientos de un samaritano que los levante del suelo o los baje de la cruz.

Ellos fueron testigos de verdad y lo han seguido siendo por medio de ustedes, algunos de cuyos testimonios se recogen aquí. Ojalá que al azar este ramo a su memoria, empuñemos su bandera, besemos su causa que es su cruz… y prosigamos.

Y eso pretendería este libro, si tal se quiere llamar. Muchos bien poca novedad hallarán y hasta la forma la encontrarán muy informal. Así es. Más parecido a un centón que se puede deshojar en cualquier página. Más que lineal, su progreso es circular y envolvente, como rueda que gira sobre un eje y que sólo avanza si hace pie en el camino por andar. Se parece a esta terca realidad que día a día vive el pobre pueblo; gracias también a los lectores que, primero Dios como repite el pueblo, quieran ser testigos de verdad.

Si en algo sirve, a Dios gracias y a este pueblo de tantos Obdulios, Elbas, Celinas… -el verdadero El Salvador,- que juntos cuidan las rosas de nuestra liberación.



Ignacio Ellacuría
Por Román Mayorga

La primera vez que conversé largamente con Ignacio Ellacuría o Ellacu, como le llamábamos sus amigos, fue a mediados de 1970, cuando el BID aprobó el préstamo para realizar el primer plan de desarrollo de la UCA. La Junta de Directores de la Universidad le había designado para preparar el discurso que diría el representante de la institución en la ceremonia de firma del contrato de préstamo. Como yo había participado activamente en las gestiones ante el Banco, me pidió sugerencias para el documento que debía preparar, creo que instancias de la propia Junta. Le expuse algunas ideas sobre la posibilidad que se abría, con los recursos obtenidos, de hacer una universidad nueva en Centroamérica, una universidad que se pusiera toda ella al servicio del cambio social pero universitariamente; es decir, a través de las funciones específicas de esa institución. Él me dijo que esas ideas coincidían con las que venía elaborando desde un ángulo teológico, y que procuraría reflejar todo ello en una exposición breve. Me mostró un borrador, y juntos lo retocamos.
Acompañé al P. Gondra a Washington y él leyó el discurso magistralmente, haciéndole algunas adaptaciones verbales adecuadas al momento. Felipe Herrera, el presidente del BID, lo elogió ante la plana mayor del Banco diciendo que había preparado “un macizo ensayo”. Gondra no cabía en sí de complacencia y derrochaba simpatía como en los mejores momentos en que quería ser simpático. (Hizo tan buena impresión que, posteriormente, le ofrecieron un trabajo en el BID). Cuando le conté esto a Ellacu, peló ampliamente los dientes, como hacía en las ocasiones en que se reía con ganas y bautizó a la primera de nuestras colaboraciones como “nuestro discurso dicho por Gondra”. Habría de ser el comienzo de una amistad que duró hasta el final de su vida; y hasta más, como luego explicaré.
Desde principios de 1971, que entré a trabajar a tiempo completo a la UCA, hasta octubre de 1979, que renuncié para formar parte del gobierno del país, vi a Ellacuría casi todos los días por períodos prolongados, con excepción de sus ausencias del país porque se iba a trabajar en España con el destacado filósofo Xavier Zubiri. Colaboramos juntos y con otras personas del núcleo básico de la UCA en innumerables trabajos, desde pequeños proyectos reinvestigación y libros conjuntos hasta tareas de mayor envergadura institucional como la organización y el segundo plan de desarrollo de la universidad.
Ellacuría fue el director de ECA desde 1976 y había que verlo en las sesiones de preparación de la revista. Era un caudal de ideas y desplegaba allí con toda amplitud sus virtudes de creatividad sin fronteras y entrega a la producción intelectual. Proponía temas, escribía editoriales, preparaba artículos propios, solicitaba colaboraciones, inventaba nuevas secciones, comentaba los trabajos y nos estimulaba a todos para que produjéramos siempre más y mejor. Creo francamente que ECA llegó a ser la mejor revista intelectual de Centroamérica y de muchos otros lugares, una fuente obligada de referencia e investigación para cualquiera que se interese por conocer o comprender a la región centroamericana en los últimos veinte años. Ellacu pensaba que la materia más importante que había que estudiar en la Universidad era la de “realidad nacional” y posteriormente la instituyó como cátedra en los años ochenta, siendo ya rector de la Universidad. Yo creo que Ellacu hizo de ECA una cátedra escrita de la realidad centroamericana. Insistía en estudiar los datos factuales de esa realidad, pero también creía en el poder de las ideas para transformar y conformar realidades, y siempre andaba a la caza de ese tipo de ideas para publicarlas en ECA.

…………………………..

Pocos días antes de morir Ellacu estuvo en España y se vio con Luis de Sebastián, quien próximamente iba a reunirse conmigo. Le pidió que me diera un libro en el que había escrito su firma con esta sencilla dedicatoria: “Para Román, tan presente en este libro y en esta universidad”. Después del asesinato, Sebas me dio el libro personalmente, sin haberme contado antes de nada y diciéndome entonces: “Te entrego este regalo póstumo de Ellacuría”. Abrí las pastas, leí despacio la dedicatoria, observé que el libro comenzaba con “Nuestro discurso dicho por Gondra”, continuaba con líneas que juntos habíamos escrito o concebido y terminaba con páginas selectas de la maravillosa obra que él continuó cuando yo tuve que marcharme de la Universidad. Me acuerdo bastante del lado lacónicamente afectuoso de mi amigo Ignacio Ellacuría. Cómo no iba a recordarme si conozco dos regalos póstumos suyos, una foto a Ingrid y un libro para mí.



Carta a Ignacio Ellacuría


Por Jon Sobrino


Si me pidieran decir en breves palabras cómo recuerdo yo a Ignacio Ellacuría, el hombre y el cristiano, sólo puedo repetir lo que escribí en forma de carta en el primer aniversario de su muerte.

Querido Ellacu:
Desde hace años he pensado qué diría yo en la misa de tu martirio. Como en el caso de Monseñor Romero, nunca quise aceptar que eso llegara a ocurrir, pero tu muerte era bien verosímil, y la idea me ha dado vueltas a la cabeza muchas veces. Y éstas son las dos cosas que más me han impresionado de ti.
La primera es que tu inteligencia y tu creatividad me impactaron, evidentemente, y sin embargo siempre pensé que no era eso lo más específico tuyo. Para ti mismo fueron muy importantes, es cierto, pero no orientaste tu vida para convertirte en famoso intelectual ni prestigiado rector. Dicho con un ejemplo, recuerdo que en un exilio de España escribiste un manuscrito que te hubiera hecho famoso en el mundo de los filósofos, y sin embargo no le diste mayor importancia ni lo terminaste cuando viniste a El Salvador porque siempre tenías otras cosas más importantes que hacer: desde ayudar a resolver algún problema nacional hasta atender a los problemas personales de alguien que te pedía ayuda. La conclusión para mí es muy clara: más importante que el cultivo de tu inteligencia y el reconocimiento que esto te podría acarrear era para ti el servicio.
Pero, ¿a qué y por qué servir? Serviste en la UCA, pero no últimamente a la UCA. Serviste en la Iglesia, pero no últimamente a la Iglesia. Serviste en la Compañía de Jesús, pero no últimamente a la Compañía de Jesús. Cuanto más llegué a conocerte, más llegué a la convicción de que serviste a los pobres de este país y de todo el Tercer Mundo, y de que este servicio es lo que dio ultimidad a tu vida.
Eras discípulo fiel de Zubiri, filósofo y teólogo de la liberación, teórico de movimiento políticos populares, pero no peleabas por esas teorías como si fuesen un “dogma”. Más bien, cambiabas tus puntos de vista –tú, inflexible-, y cuando lo hacías, una sola cosa era lo que te hacía cambiar: la tragedia de los pobres. Por eso pienso que si algún “dogma” inamovible tuviste, éste fue sólo uno “el dolor de los pueblos crucificados”.
Y eso me llevó a la conclusión de que ante todo y por encima de todo eras un hombre de compasión y de misericordia, de que lo último dentro de ti, tus entrañas y tu corazón, se removieron ante el inmenso dolor de este pueblo. Eso es lo que nunca te dejó en paz. Eso es lo que puso a funcionar tu creatividad y tu servicio. Tu vida no fue, pues, sólo servicio, sino el servicio específico de “bajar de la cruz a los pueblos crucificados”, palabras muy tuyas, de ésas que no se inventan sólo con mucha inteligencia, sino con una inteligencia movida por la misericordia.
Esta es la primera cosa que quería mencionar. La segunda cosa tuya que recuerdo –y ésta es más personal- es tu fe en Dios. Y me voy a explicar. Tu contacto con los filósofos modernos –increyentes la mayoría de ellos, con la excepción de tu querido Xavier Zubiri-, el ambiente de secularización y hasta muerte de Dios que predominaba en la época en la que alcanzaste tu madurez intelectual, tu propia inteligencia crítica y honrada, nada propicia a credulidades, y la gran pregunta por Dios Que es en sí misma la injusta pobreza latinoamericana, nada de ello hace fácil la fe en Dios. Recuerdo un día, en 1969, en que me dijiste algo que no he olvidado: que tu gran maestro Karl Rahner llevaba con mucha elegancia sus propias dudas con lo cual venías a decir que tampoco para ti la fe era algo obvio, sino una victoria.
Y, sin embargo, estoy convencido de que eras un gran creyente, y a mí, ciertamente, me comunicaste fe. Lo hiciste un día, en 1983, cuando al regreso de tu segundo exilio en España nos hablaste en una misa del “Padre Celestial”, y yo pensé para mis adentros que si Ellacuría, el cerebral, el crítico, el intelectualmente honrado, usaba esas palabras no era por puro sentimentalismo. Si hablabas del Padre Celestial es porque creías en él. Me comunicaste fe, muchas otras veces, al hablar y escribir sobre Monseñor Romero y su Dios, al hablar con sencillez de la religiosidad de los pobres, y me la comunicaste con tu modo de hablar y de escribir sobre Jesús de Nazaret. En tus escritor expresabas tu fe de que en Jesús se ha revelado lo que verdaderamente somos los seres humanos. Pero en ellos expresas también, agradecidamente, tu fe de que en Jesús se mostró ese “más” que nos rodea a todos, ese misterio último y esa utopía que todo lo atrae hacia sí. No sé cuanto luchaste con Dios, como Jacob, como Job y como Jesús, pero creo que Dios te venció y que el Padre de Jesús orientó lo más profundo de tu vida.
Ellacu, esto es lo que nos has dejado, al menos a mí. Tus capacidades excepcionales pueden deslumbrar y tus limitaciones y defectos pueden ofuscar. Creo, Ellacu, que ni lo uno me ha deslumbrado ni lo otro ha oscurecido lo que para mí es fundamental que me has dejado: que nada hay más esencial que el ejercicio de la misericordia ante un pueblo crucificado y que nada hay más humano y humanizante que la fe.
Estas cosas son las que me han venido a la cabeza estos años. Hoy, a un año de tu martirio, las digo con dolor y con gozo, pero sobre todo con agradecimiento. Gracias, Ellacu, por tu misericordia y por tu fe.

Jon

LILIAN SERPAS - El Salvador 1905 - 1985

LILIAN SERPAS
(El Salvador 1905 - 1985)

Datos biográficos
Lilian Serpas nació en la ciudad de San Salvador el 24 de marzo de 1905. Fue inscrita en el registro civil capitalino con el nombre de Lilia. Fue la hija del escritor Carlos Serpas y de Josefa de los Ángeles Gutiérrez. Quedó huérfana de padre en 1908. Se sabe muy poco de su progenitora, quien debió ser culta e inteligente, ya que en su casa tenía lugar una animada tertulia literaria –como lo afirmara la propia autora, ya en su vejez–. Así, a los once años de edad se reunía en visitas casi diarias con Francisco Gavidia, patriarca literario que le prologó su segundo libro, En el zafir de un ala milagrosa, editado con el título de Nácar por la capitalina imprenta “La salvadoreña” (1929). Manejó a perfección el inglés y francés.
 En 1927, a los 22 años de edad, mientras colaboraba frecuentemente con la revista Pareceres y en la radio oficial AQM, publicó su primer libro, Urna de ensueños, que contó con una introducción de Juan Ramón Uriarte.
De  25 años (1930-1938) se traslada a los Estados Unidos, residiendo por 8 años en la ciudad universitaria de South Bend City, San Francisco, California. Será en esta ciudad donde publique por vez primera el libro  “Isla de trinos”. Por esta época colaboraba ya con la revista Sequioa,  de la Stanford University.

Regresa a El Salvador en 1938 para trabajar en El Diario de Hoy, donde desarrolló una fructífera actividad periodística e hizo a la luz varios de sus escritos, tanto en prosa como en verso, dirigió las secciones Variedades del hogar y de la moda y Pajaritas de papel (1941). 

Parte de nuevo a Estados Unidos y se casa con el pintor Carlos Coffeen, con quien procreó tres hijos: Carlos, Fernando David y Reginaldo.
Luego, abandona Estados Unidos y reside en la ciudad de México, donde publica Huésped de la eternidad (poemas de 1928 a 1948, con prólogos de José Vasconcelos, Arturo R. Pueblita y Gregorio Cordero y León), La flauta de los pétalos (1951; San Salvador, 1979, con palabras preliminares de David Escobar Galindo) y Girofonía de las estrellas (1970)
Durante su estancia mexicana también escribió Corazón y esfera (obra comentada por José Vasconcelos), Hacia un punto del origen, Por ese amor siendo amada (con prólogo de Pedro Álvarez del Villar), Nivelación y Proyección a la nada (también titulada En un rol de fuego blanco), trabajos literarios de los que se carece de información editorial concluyente, por lo que cabe presumir que solo fueron proyectos de libros o manuscritos varios que quedaron inéditos.
Después de 1972, a raíz de la muerte de su hijo Fernando a manos de un conductor ebrio, Lilian entró en un proceso autodestructivo a nivel mental y físico.  Sólo gracias al esfuerzo y la caridad de algunas amigas salvadoreñas, es trasladada de vuelta a su país.
De vuelta en el país, escribió el poemario Pensamiento que no muere (inédito), en el que destinó una sección completa para diez sonetos dedicados a Francisco Gavidia. Mucha de su producción poética de estos años fue dada a conocer por las páginas sabatinas de Filosofía, arte y letras de El Diario de Hoy.
En 1982, la Dirección de Publicaciones editó Meridiano de orquídea y niebla, que contiene poemas escritos entre 1945 y 1957.
Con la salud física y mental dañadas, se le dio trabajo en la Dirección de Publicaciones del Ministerio de Educación donde laboró hasta el día de su muerte, ocurrida el 10 de octubre de 1985, tras haber sido hospitalizada debido a una caída que le causó varias fracturas. Sus objetos personales y sus manuscritos, contenidos todos en una maleta, fueron incinerados en medio de un confuso incidente. Ninguno de sus tres hijos sobrevivió a la escritora.
En Texas, Estados Unidos, residen a la fecha 6 nietos de Lilian Serpas, hijos de su Fernando David: ninguno de ellos habla ni lee el idioma de su abuela.


                                  
  Lilian Serpas Por Ana de Pacas

Con gran facilidad y lucidez de dicción, Lilian nos regala en su poesía, su manera de sentir, seguramente que los elementos que la rodearon, le brindaron la sublime inspiración para elaborar su obra poética, supo impregnar en sus versos, la claridad de su motivo.
Es admirable el dominio que ejerce en la forma de su poesía, me refiero a la soltura que se aprecia en la construcción del soneto. El conocimiento que posee del secreto de la imagen y de la ternura humana, nos lo deja ver en uno de los tercetos de la poesía titulada “Aluzinaje” que copio a continuación: “Yo heroica y huyendo en un desvelo/ -libre y sin nada- como en un deshielo/ alcanzo en pie de amor, el infinito/”. Sus poemas se disfrutan y saben a caricias de angel, solamente advertimos en ella, un vacío, en cuanto a la problemática social de nuestro país, pero la justificamos por el hecho de haber vivido en una época en que la mujer estaba limitada por reglas que le inhibían su participación en ciertas actividades.


La Mariposa

En el jardín de plenilunio lleno
su tríptico de pétalos se posa,
con la fijeza de una mariposa
que congelara en flor su desenfreno.

Tiene en su cáliz de candor un pleno
aire más fino que nevada rosa,
y del perfume, doncellez premiosa,
la suave gala de blancor sereno.

Vuelta de niebla y música su vida
es retazo de luna: ahí fundida
vobró la noche en su primer rocío.

Así quedó la mariposa en vuelo
sobre la media página del cielo,
¡clavada al aire en alfiler de frío!


Ocaso

La luz en pie de Ocaso compagina
al del Oro sangrante de la rosa;
y suma cardinal y milagrosa
al viraje del sol en la colina.

La fuga de las cosas se adivina:
diríase una escala luminosa,
por donde asciende el aria jubilosa
que al corazón de la floresta afina...

Más la tregua de un día pajarero
-en nidales de celo y alborozo-,
elige permanencia en el alero...

Y un éxtasis de dicha se presiente
-al expirar un ágave gozoso-,
¡tal un místico albor, en el poniente!


Lección de muerte

…Por un ayer extático y remoto
muero viviendo a pausas con la vida;
mas exhumo en mi piel igual al loto,
que del cieno en la flor, busca salida…

Si en flagelos de agobio consumida,
Como una aspiración busco lo ignoto;
Y porque en muerte vivo dividida,
Mi tiempo, en lo fugaz es mundo: roto…

De la vida en un breve itinerario
-con mi lección de muerte abriendo puertas-
al átomo de Dios; mas sin horario

-como trampa dantesca de un infierno-
de este mundo de trágicas reyertas,
sólo afirma mi espíritu, ¡lo eterno…!


Aluzinaje

Lúcido en la tiniebla de un momento
de ser -ya sido- en inicial viraje,
arranca de raíz mi pensamiento
-tan joven como antiguo en su linaje-.

Ráfaga a grupas de un saber, aliento
-del polvo hostil es rescatado viaje-,
emite luz, muy cerca a lo que siento
del más nocturno azul de alunizaje.

Ritmos de meteoros miden tensa
noche, sólo soporte a mi defensa,
igual a rostro en Cero circunscrito.

Yo heroica y huyendo en un desvelo
-libre y sin nada-, como en un deshielo,
alcanzo en pie de amor, el infinito.


Lo intemporal

I
Próxima al vértigo, sin pausa, alerta,
Al rumbo huracanado en la espesura
-de un muro de olas-, en fatal reyerta:
mi ser, igual a barco en la aventura:

por náufrago pavor, donde apresura:
zozobra, tiembla, y el corazón despierta;
pulsa el timón intemporal, y acierta
-sostén a su caída-, a la más pura
excelsitud de un sueño, en inminente
forma -la que fenece-, y de un arcano,
la fuga del dolor, suave nepente…;

si lleva ella, la imagen exhaustiva
de Dios en si, o de Él, lo tan lejano;
¡mas siendo eternidad, que sobreviva!


II
Proa al vaivén de un mundo ingobernable,
-en el ocaso unánime de mi vida-,
forma es de un tiempo, abierto a inefable
gozo, el más breve: Idea definida,

naciendo a ras de un diáfano y palpable
cielo ahí en un Todo…Y esclarecida
mi mente en un tanteo de insondable
noche, tras debates arrecida

-en pugna del ludibrio… - Y el pensamiento
para ser, o no ser la amortajada
de mi crear punzante, al solo intento

de ver el infinito, al que posterno…
y en mi sentir, su esencia es a la Nada
-en lo de Dios-, ¡mi rostro en puro eterno…!


III
…Sin rostro ya y sin pies en mi jornada,
la conmoción que alúmbrame es Poesía,
siguiendo el ritmo en la girosofonía
de un ala al vuelo a la luz desintegrada…

Mi término es inicio de la Nada;
Y en mí no vivo si de la agonía
El Fin no llega, para un nuevo día,
Y si -muero sin morir-, voy desterrada:

Para un futuro limpio de mi mente
-en la Totalidad viviendo ausente-,
y en gloria de un minuto, que, si existe,

es la imagen tan solo de un presagio
si no siendo al estar en un naufragio,
¡mi muerte al trascender vivirá triste…!


Beethoven

Vertical en la rosa del sonido
Oyes vibrar el cosmos, que en sí rota
-desde inaudible clave- y de tu oído
-vórtice de una clave- libre flota,

al acorde cifrado, y sola nota
conjuga en unidad de tu sentido,
un Universo abierto en la remota
bóveda, pentagrama en tu latido;

y tu mano estelar en contrapunto
-beethoveniano de alta sinfonía-
pulsa del tiempo universal conjunto:

marea cuando estalla ¡oh Dios, que mueve,
el perenne fluir de la armonía,
y amenaza lo eterno con lo breve!


Oculta clave

Pájaro azul del vuelo delirante,
Medir puede la exacta geometría
-que sólo Dios creara-, y fuera el guía
del árbol en el salto equidistante:

Seguro del secreto se confía,
Tras el aéreo impulso trepidante,
Si de sus alas, en un solo instante
Arriésgase en sus trinos de alegría:

Y hacia el nido, al flotar sobre la rama
-el pájaro, en la clave de su trama-
sin caer en la trampa a donde vibra:

pulsa la levedad, aspira el aire
volátil del aroma, y en un donaire,
por el trino que exhala, ¡se equilibra!


El espejo

Ámbito intemporal y luna helada
Trae el amor cifrado en mi sigilo;
Sé de la luz de Dios -por Él creada-
Y el dulce honor que me depara asilo…

Porque en convexa margen ato el hilo
De mi imposible afán, en la estrellada
Noche, su rostro busco y lo perfilo,
Definiendo en un cielo, su mirada…

Y de alto girasol soñado para
Convertirme en espejo, la tragedia
Huidle cópiase en mi propia cara…

¡Igual a río en mi vigilia vierte,
vago temor que a mi pensar asedia,
como espectral imagen de la muerte!


CANTO A MIS NIÑOS
Mis niños, los de los sueños
–que no soñaran los ángeles–,
nacieron para el arrullo
de mis labios mortales.

Celeste luz que del cielo
a mis niños los despierta:
tienen color que da el agua
cuando en sus ojos refleja.

Amanecen desde el Alba
en albor sus piececitos;
dedos del aire sostienen
su milagroso equilibrio.

La línea del arco-iris,
les traza su fina curva,
para andar sobre rocíos
y entre vaivenes de cuna.

Con sus diminutas manos
tocar parecen tangibles
notas de viento, en el ritmo
de cantos que no se escriben…

Son como tallos floridos
que alzaran allá en la selva
sus capullitos de luna,
brotando en la Primavera…

Mi corazón los contiene
y en la sangre que les nombra,
un aire de amor los mece,
con arrullos de paloma.

ACUARELAS
Con un pincel de plata
la luz pinta acuarelas
en el jardín del alba.

EL ÁRBOL

El árbol es un filtro
para sorber aromas,
para escanciar rocíos…

EL PINO

Con su batuta, enhiesto,
dirige el alto pino
la orquestación del viento…
Y el árbol de la sierra
–tenor solista–, canta
el aire de su queja…

COMUNIÓN

Gigante luna comulga
con las hostias diminutas
de la lluvia.

EL PÁJARO CARPINTERO

Con su pico y su taladro
el pájaro carpintero
traza un túnel en el árbol.


GOLONDRINAS

Golondrinas de la tarde,
son las notas musicales
del pentagrama del aire…



ARMONÍA

Del valle a la montaña,
la luz con pies descalzos
transita alborozada.
La curva de los llanos
–cuajados de armonías–
colora con sus manos…

DE LA AMADA AL AMADO

Desde el olvido para mi consuelo
sube del alma en esta Primavera,
algo como la luz de lo que fuera:
un suspirar de trinos, sobre el cielo.
Y vuelve con sus alas el anhelo,
tras la gaviota azul y mensajera,
que de la nube al corazón, viajera,
deja nostalgia a mi ansiedad de vuelo…
Mas rescato al Amado en los colores,
de un tenue vaho al reflejar las cosas,
con la imagen que evocan los amores…
Ungüento es el aroma en cercanía
del recuerdo que vivo entre mis rosas,
y en un éxtasis muere en la bahía.

RONDA CELESTE
I
En la carroza de Júpiter
ruedo que ruedo, rodando;
y en cataclismos se agitan
de mis corceles los cascos,
que las planetarias fuerzas
van reduciendo a pedazos…
II
De la noche en el espejo
se ve la cara de Dios,
y el mundo gira que gira
en las manos del Creador…

Tras la ronda van los ángeles
lanzando rayos de amor,
y en las estrellas del viento
pasa la tierra veloz…
La noche sobre la tierra
es la diástole del sol,
en el pulso planetario
de la estelar rotación.
En luz y sombra danzando,
entre neblinas del mar,
llega mi barco a Manhattan
y al contemplar la ciudad,
en el cielo de esta noche
brillando está Nueva York;
mas siempre cuando atardece,
¡amanece en el Japón!

III
En la noche sueñan Albas
los niños de la ciudad;
los niños de todo el mundo
en la ronda eterna van.
Doradas voces del aire
suenan sonoro cristal;
y es la luna pandereta
que agita la soledad.
En la fuga de la tierra
y en –ronda de libertad–,
seres y niños no aciertan
que van con ella al azar;
Que están de pie sobre curvas,
y ¿cómo no caerán?...
porque se mueven acordes
a leyes de gravedad.
¡Fuera de mí con el viento
vibrando estoy en las cuerdas
de un infinito Universo,
–pitagórica y etérea–
por entre círculos diáfanos,
trazando claras estelas.
¡De las nubes voy forjando
mis clámides de centellas,
y allá entre puertos de vidrio,
–donde se pescan estrellas–,
viviré entre ánimas buenas…!


CÁNTICO AL DOLOR DE AMAR

Dolores que son míos
en minutos sombríos
se trasvasan en flores,
que el corazón prefiere:
si en un dulce quebranto,
una mirada hiere
la raíz de mi canto.

A mi ser no se oculta,
que si de amores, muero,
este dolor prefiero,
esta pena sepulta,
donde mi vida ausculta
a mis vitales ríos…
Dolores que son míos
en minutos sombríos,
se trasvasan en flores,
que el corazón prefiere:
cuando en dulce quebranto,
una mirada hiere
la raíz de mi canto.
El galope más fuerte
del corazón es guía…
en él marcha la muerte
por rutas de agonía;
y en faz de la alegría
fragua mis desvaríos.

¡Dolores que son míos
en minutos sombríos
se trasvasan en flores,
que el corazón prefiere!,
¡cuando en dulce quebranto,
una mirada hiere
la raíz de mi canto!

CRISTO NEGRO DE SANTA MARÍA

En los rasgos oscuros de este Jesús exhausto,
el semblante de Cristo va creciendo en las llagas,
y en el milagro agónico del sangriento holocausto
hay trasudar de penas tras las horas aciagas.
Sus dulzuras conmueven a la roca y al nido;
y en dirección al viento que lleva su semilla,
de su sangre se impregna tras surco dividido,
el trigal que trasmutase en pan de maravilla.

Acrecientan las uvas para el mosto fecundo
un temblor de racimos sobre la tierra herida,
y la sombra en lo alto del madero en el mundo,
su mensaje conduce de renovada vida.
Él revive en los cauces del alma fabulosa
el ancestral lamento de suspirable esencia,
y a los hombres en ira, su bondad generosa
va conduciendo a rumbos de Verdad y creencia…
Se le volvieron rosas, estigmas putrefactos,
y en estrellas, el llanto del párpado amarillo,
a su dolor crecieron, soles estupefactos
para colmar el mundo con su celeste brillo.
Hacia su Luz eterna siempre el ánimo mira,
y a las veinte centurias de su muerte, los fluidos
que manan del madero donde su drama gira,
y estrechan con sus círculos de amor, a los sentidos.
A lomo de los vientos su doctrina de llama
ilumina horizontes y sobre el mundo sopla:
¡si no hay Verbo que apague la expresión quien soflama
al Universo mismo, que a su unidad se acopla!
Un himno se levanta de la muerte a la vida,
y en el drama sangriento, más allá de la nube
en cal de huesos queda y a su raíz fundida:
¡su carne de pureza que del abismo sube!

CANCIÓN DE AUSENCIA

¡Triste la tarde flota en esencias
de amores tiernos que no olvidé!;
son un suspiro las avecillas
que ayer sus alas yo contemplé.
Mi íntimo canto vuela con ellas
va en laberintos de albo fulgor;
un trino vago besa la hierba,
y yo no encuentro mi dulce amor…
Cambiando llaves voy en mis sueños,
pulsando sones al corazón;
mis manos palpan suaves laúdes
y el cielo es pauta de mi ilusión.
Una insaciable sed que no colma
hiere de muerte mi amor sin fin;
pasan gaviotas en la bahía,
y mi alma es nube que va al confín…
Pasan los años y las distancias
creí acercarlas con mi penar;
la fe perdida llevo en el alma,
y así en mí misma vuelvo a tornar…¡Aquí muy dentro te espero Amado,vestida de aire para el amor;
que la flor roja de aquellos días,
–falta de riego–, se marchitó…!